AYEGUI – AIEGI, Eclipse de Monasterio

 

Ayegui descansa entre Montejurra y Estella, abrazado por Arbeiza, Iguzquiza y Arellano. Su historia durante ocho siglos ha estado condicionada por el Monasterio de Irache, quién ejerció férreo dominio de sus vidas y haciendas.

Nos remontamos al año 1060, fecha en que Sancho el de Peñalén dona el  pueblo al monasterio,  por lo que en un estudio somero sobre su fundación e historia, cabe afirmar que desde entonces su vida discurre alrededor de los monjes.  Años después, hacia 1083, el Abad, que no es otro que San Veremundo, “acuerda con sus vecinos que cada uno de ellos entregue al monasterio vino y pan y que trabajen para él algunos días del año, durante los cuales serían alimentados a costa del cenobio”, tal como nos lo cuenta el Catalogo Monumental de Navarra.

Sus habitantes, por obra  y gracia de este acuerdo, son pecheros, collazos y se verán obligados a ser acogedores de los huéspedes del Monasterio. El pueblo se encuentra en el linde de los climas Mediterráneo y Atlántico (Cantábrico), lo que le permite variedad de cultivos: Aceite, vino de escaso grado, cereal e incluso verduras y algunas frutas, regadas por varios manantiales y la laguna de Zuloandía. Cosechas, que por cierto, se verán mermadas en razón a la aportación que han de hacer al monasterio.

 Esta situación se mantiene hasta 1835, cuando la Desamortización de Mendizabal despoja a los monjes de sus ricas propiedades. En primera instancia, podría pensarse que la medida de este ministro liberal  de la regente María Cristina podría favorecer a las clases humildes con un reparto de la tierra, pero tan ansiado plan no cumple con sus expectativas; los prebostes de la época  consiguen se ofrezcan grandes lotes, y por tanto de mucho valor, evitando que las familias débiles puedan acudir a las pujas, por lo que todo  siguen igual, con la única diferencia de que los latifundios pasan de la propiedad  de la iglesia a manos privadas, que ejercen su autoridad con más dureza que los anteriores.

En ocasiones, el pueblo intenta emanciparse del histórico yugo, pero todos los intentos son fallidos, en tanto que ocurre algo parecido a lo denunciado tiempo ha, en el antiguo y “actual” Quijote: “Con la iglesia hemos topado.”

Poco más se descubre de la historia de este pueblo. En todo el tiempo desde 1060 hasta 1835, lo eclipsa el Monasterio de Irache. Si añadimos que a principio de siglo se sufren las guerras napoleónicas, más tarde la primera carlista y desamortización; a continuación la tercera carlista,  es de justicia pensar que el pueblo de Ayegui sufrió la triste herencia de su dependencia monacal. Herencia que no contó con algunas líneas de los clásicos historiadores como Yepes –benedictino-, Roca, -escolapio- o más reciente, el canónigo Ibarra, quienes, sin embargo, nos han legado sendos trabajos que recogen la vida e historia de este monasterio, con abades sentados en cortes, hospital de peregrinos, universidad, hospital de sangre e importante protagonista y testigo de nuestra historia. Otra vez, la grandeza del monasterio recaba toda la atención de aquellos cronistas y eclipsa a nuestro pueblo. 

Hurgando en el pueblo y su caserío, además del testimonio de su antigua iglesia, poco nos queda por resaltar que no sea su ancestral modestia. En la actual iglesia dedicada a San Martín observamos una sencilla construcción del XVII, remodelada en el XVIII, que una vez más nos muestra la debilidad de las arcas del pueblo a la hora de construir sus edificios emblemáticos. Queda algún vestigio de nobleza o hidalguía, como por ejemplo el escudo de los Maeztu, mostrando la bíblica y antoniana Tau, que precisamente se va a repetir en uno de los retablos del monasterio, hoy en la parroquia de Dicastillo, como consecuencia de la desamortización.

 El escudo de Ayegui se muestra  guerrero  y bizarro y se describe así:“Trae de gules  y dos cañones cruzados en sotuer, sumados en jefe de una corona cerrada y en punta de cinco bombas de artillería, puestas una, dos y tres, todos los símbolos de oro”.

 Los motivos del escudo denuncian su modernidad a través de  los símbolos artilleros y no nos desvelan guiños de su historia.  Probablemente, y como era frecuente, es a  principios del XIX, después de la ocupación francesa, cuando los ayuntamientos conforman sus enseñas.

 Contada esta historia muy común en muchos pueblos de España, sería muy injusto no citar la contrapartida, a la que Ayegui es heredero legítimo y digno merecedor.

Hoy, el monasterio, partiendo de su románica iglesia, claustro renacentista, universidad y torre herreriana, devuelve al pueblo el orgullo de haber compartido tan ilustre vecino, a la vez que nos entrega un magnífico edificio que rezuma arte e historia y está enclavado en Ayegui; no se irá de Ayegui; es de Ayegui. Todos tenemos una responsabilidad de hacer futuro por la cual debemos trabajar, empujando en un mismo sentido, para que a pesar del actual momento económico, este monasterio llegue a ser un referente e histórico Parador Nacional de Turismo.

Un brindis para que Irache dentro de Ayegui consiga este deseado Parador. Y otro para el pueblo, que con su talante y laboriosidad, ha conseguido ser un lugar moderno y próspero. Cabe apuntar que en 1850, según recoge y tal como lo dice Madoz, vivían 131 almas; ahora en 2014 su población es de 2.333 habitantes.

Un deseo: Que Ayegui y el Parador pasen  a la historia en perfecta sintonía evitando un nuevo eclipse.